La principal limitación es que el número de
«estados mentales» ha sido tradicionalmente muy limitado, variando desde
una opción binaria (sí/no) a tres o más estados con cierta probabilidad de acierto, por ejemplo al pensar en una zona de la pantalla, en un color o un movimiento.
Una acción compleja como es escribir una frase
puede hacerse palabra por palabra y letra por letra, seleccionándolas en
paneles que van mostrando opciones, al estilo de la famosa silla/ordenador del profesor Stephen Hawking, que actuaba mediante un pequeño mando. Pero a diferencia de otros sistemas que tras el entrenamiento pueden reconocer decenas de palabras simples convertir un pensamiento completo en una nueva frase correctamente escrita no es tan fácil.
En un punto intermedio están sistemas como los que de Herff y Schultz,
del Laboratorio de Sistemas Cognitivos de la Universidad de Bremen.
Utilizan las mismas técnicas de interfaz cerebro-ordenador y
reconocimiento de voz pero con usuarios con dificultades en el habla. De
este modo alguien con el habla deteriorada puede hablarle al ordenador y
que éste reconozca lo que quiere decir.
De momento lo que los científicos han demostrado es que es posible
combinar la información de voz deteriorada y señales obtenidas mediante
ECoG con software de reconocimiento de voz para realizar lo que han
denominado “conversión de señales neuronales en texto con un alto grado
de fiabilidad”. El hecho de que todavía se necesite implantar electrodos
en los sujetos es una gran limitación, pero quizá pueda resolverse en
el futuro con otras tecnologías.

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